La planificación fiscal en una empresa

La planificación fiscal en una empresa

Una de las principales labores de una asesoría fiscal es la planificación fiscal de sus clientes. Ésta no es más que el desarrollo y análisis de estrategias para retrasar o minimizar la carga fiscal de una empresa.

En varios contextos, siempre dentro de la legalidad, las empresas pueden hacer frente a menos impuestos o a diferirlos en el tiempo si se planifica correctamente. Sin embargo, es una herramienta mucho más compleja de lo que puede parecer a priori.

Dos negocios dedicados a la misma actividad y con características similares pueden pagar impuestos de forma muy diferente.

Esto suele ser debido a que una de las sociedades ha planificado correctamente su fiscalidad. Una de ellas ha tomado decisiones que la han hecho hacer frente a menos impuestos o retrasarlos en el tiempo. La otra no lo ha hecho, pero ambas siguen cumpliendo la ley exactamente igual.

Determinado tipo de empresas tienen beneficios fiscales, podemos tratar de evitar la doble imposición, elegir una forma jurídica que nos beneficie en el futuro, diferir el pago de impuestos para incrementar la liquidez, etc.

Ahora bien, es importante conocer qué es la planificación fiscal, pero igual de importante es saber lo que no es. La planificación fiscal no es evasión de impuestos ni fraude fiscal.

Es analizar las variables para detectar la mejor fórmula para minimizar gastos actuando dentro de la ley.

La planificación que desarrolle nuestro asesor fiscal gira en torno a tres claves: anticipación, personalización y actualización.

No existe un manual, un ABC de la planificación fiscal. Se debe analizar la situación impositiva de cada empresa atendiendo al tipo de negocio, la titularidad de los activos, la ubicación de las operaciones, etc.

Algunas decisiones son más sencillas, como por ejemplo, el modelo de pagos fraccionados del Impuesto sobre sociedades.

Como ya explicamos hace algún tiempo, una sociedad puede elegir tributar el pago fraccionado por el sistema estándar o calculando la base imponible del ejercicio durante los meses correspondientes. Al final el importe a pagar será el mismo, pero puede haber una gran diferencia en el importe a anticipar.

La liquidez de nuestra empresa se verá más o menos afectada en función de la elección y debemos saber qué opción nos beneficia más.

Desde el punto de vista fiscal, los ingresos o las ganancias de capital que generen los activos de la sociedad no están gravados en las respectivas jurisdicciones, por lo que estos vehículos son también un eficaz instrumento de ahorro o diferimiento fiscal.

Lo más recomendable es siempre comenzar la planificación fiscal desde el inicio de la actividad de la empresa. Por ejemplo, a la hora de constituir una sociedad, hay una serie de decisiones que afectan a los impuestos a los que ésta hará frente. Elecciones que parecen triviales, como la elección de la razón social de la misma, pueden cambiar la tributación de forma considerable.

Sin embargo, esa planificación tiene que ir adaptándose en el tiempo. La Administración tiende a modificar determinadas leyes, aplicar nuevas ventajas fiscales o introducir cambios que suelen afectar a la carga tributaria de las empresas.

Para hacer frente a las novedades, nuestro asesor debe estar informado y actualizado. Eso es lo que hacemos en nuestra asesoría y lo que un cliente debe buscar en su asesor fiscal.

Siguiendo el ejemplo que mencionábamos sobre los pagos fraccionados, novedades en los pagos fraccionados. Es importante revisar la planificación pues puede suponer un gran cambio en gasto fiscal y en liquidez.

La planificación fiscal es un servicio que debería ser realizado por un asesor fiscal. A cada empresa le convendrá una opción distinta que pueda minimizar esa carga fiscal. Lo ideal es que sea el asesor fiscal el que componga ese mapa de decisiones junto con la sociedad.

Para saber cuál es el coste de planificar esa fiscalidad, lo primero es no considerarlo como un coste, sino como una inversión. La planificación fiscal es una inversión; generará beneficios a lo largo de la vida de la empresa si ésta ha sido confeccionada correctamente.

Al momento de estructurar una actividad empresarial, financiera o de protección patrimonial, existen diversas alternativas que varían en cuanto a su complejidad y costos.  

Cuando aumentan el número de clientes internacionales, aumenta la complejidad de nuestras transacciones, desde los métodos de pago, pasando por los riesgos crediticios, de cambio, etc. hasta las normas tributarias.

 

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